miércoles, 12 de septiembre de 2007

Canción del elegido


Siempre que se hace una historia
se habla de un viejo, de un niño o de sí,
pero mi historia es difícil:
no voy a hablarles de un hombre común.
Haré la historia de un ser de otro mundo,
de un animal de galaxia.
Es una historia que tiene que ver
con el curso de la Vía Láctea.
Es una historia enterrada.
Es sobre un ser de la nada.

Nació de una tormenta
en el sol de una noche,
el penúltimo mes.
Fue de planeta en planeta
buscando agua potable,
quizás buscando la vida
o buscando la muerte
eso nunca se sabe.

Quizás buscando siluetas
o algo semejante
que fuera adorable,
o por lo menos querible,
besable, amable.

El descubrió que las minas del rey Salomón
se hallaban en el cielo
y no en el África ardiente,
como pensaba la gente.
Pero las piedras son frías
y le interesaban calor y alegrías.
Las joyas no tenían alma,
sólo eran espejos, colores brillantes.
y al fin bajó hacia la guerra
¡perdón!
quise decir a la Tierra.

Supo la historia de un golpe,
sintió en su cabeza cristales molidos
y comprendió que la guerra
era la paz del futuro:
lo más terrible se aprende enseguida
y lo hermoso nos cuesta la vida.
La última vez lo vi irse
entre humo y metralla,
contento y desnudo:
iba matando canallas
con su cañón de futuro.

martes, 11 de septiembre de 2007

Cosas que nunca dije



Ann's boyfriend calls her from Prague. 25 days after leaving her at the airport he confess that he does not love her any more and that he is with another girl. Ann calls a phone line for desperate people finding Don at the other side of the line, a guy that seems unable to understand her problems. They meet by chance... (IMDB)

Me gusta el título. El argumento es un poco sin sentido pero la peli merece la pena verla.
Tiene algunos fallos, como que el prota se pasa horas hablando en un diálogo que no importa en absoluto, pero por el desarrollo del guión se ve que quiere expresarse y ese es el motor de la peli. Les recomiendo alquilarla.

Árboles


La madera de los árboles es un material común de construcción. Los árboles han jugado un importante papel en la religión y en la magia, y tienen también un gran simbolismo en la filosofía y la cultura, por ejemplo el árbol de la sabiduría. Asimismo tienen un gran protagonismo en relación al calentamiento global.
La principal distinción es la que se establece entre árboles de crecimiento monopódico y árboles de crecimiento simpódico.
En los monopódicos el crecimiento en longitud se basa en un tallo principal vertical del que salen, con ángulos marcados, ramas laterales subordinadas, de menor grosor. Podríamos decir que se arborizan por un tallo.
En el crecimiento simpódico, las ramas derivadas se desarrollan cerca del ápice (extremo) de aquellas en que se asientan, sustituyéndolas en el crecimiento. Podríamos decir que se arborizan por las demás ramas. El efecto óptico, visto desde fuera, es atractivo.

Tigres



Normalmente los tigres buscan cazar herbívoros de gran tamaño; algunos ejemplos son los ciervos Sambar, los cerdos salvajes, gaures, bufalos acuáticos y ganado doméstico.
Los tigres usan sus garras y su capacidad de salto. Una vez que el animal esté en suelo, el tigre muerde la parte posterior del cuello, generalmente rompiendo la médula espinal, o perforando la tráquea, dándole a su presa una muerte casi inmediata.
Sin embargo, los tigres no cazan si no se fían de la presa o presienten que pueden resultar heridos. Todos los animales con un sistema nervioso complejo poseen la capacidad de predecir el futuro: se llama expectativa. Algunos felinos, de hecho, presienten trampas preparadas por humanos y rehuyen la zona.
Se centran entonces en sí mismos, y no en la presa. Cuando en condiciones normales avanzarían hacia ella, si saben que no pueden lograrlo o sienten que sucede algo extraño, se protegen a sí mismos y no piensan en cazar.

Ofensas

A veces, lo que ofende no es la ofensa en sí.
Es el hecho de que alguien pueda pronunciarla, y la maldad que se atribuya a tal acto.
Las mayores ofensas, provenientes de un amigo, se entienden como inofensivas.
El menor de los insultos, proveniente de un enemigo, se entiende como ataque al orgullo.
Depende de si consideras a quienes ofenden amigos, o enemigos. A veces, la misma persona puede ser considerada ambas cosas a lo largo del tiempo, si la percepción del otro y de su posición cambia.

Aflicción

f. Sufrimiento físico, pena, tristeza.

Puede provocarla un hecho aislado o una serie de ellos. Puede ser provocada por las personas a quienes nos enfrentamos.
Se agrava, y deja de ser algo asequible, si las circunstancias que rodean a la persona, en su vida, implican dolor. Se suman así tristezas que nada tienen que ver entre sí, de modo que los actos aislados que en sí mismos no deberían provocarla pueden llegar a provocar sufrimiento.
Hay un mundo más allá de los hechos principales y de los enemigos directos.

La lástima invalidante

Hace unos años, de vacaciones con los colegas en Torrevieja, comprendí que soy un pringao. Asumirlo fue uno de los momentos revelación de mi vida. Me di cuenta una noche en un local que no recuerdo, a las tantas de la mañana.
Tenía mi recién adquirida copa de qué-sé-yo con naranja en la mano, y tenía sed. Cuando se agota el fondo común que has hecho con los amigos porque una copa cuesta lo que un diamante, y encima a alguno de ellos se le ha ocurrido pillar y te ha convencido para pagar medio pollo, y empiezas a darte cuenta de que en el tercer día de unas vacaciones que duran siete ya te has gastado casi todo tu presupuesto, te da por medir los billetes de cinco (de mil, en aquella época) que te quedan en la cartera y saborear más despacio el alcohol.
Mi copa y yo estábamos apoyados en una columna y de entre la marabunta de gente en la pista de baile apareció un grupo de cinco chicas que tenían que pasar ante mí por el pasillo. Lo hicieron en fila y la primera de ellas, una castaña atractiva, arrebató de un tirón la copa llena de mi mano, dio un trago y me la devolvió. Sonreía feliz. Es el momento en que piensas: joder qué ambientazo. Qué confianzas aquí bebiendo de mi copa, la notas. Y encima está buena.
Pero siguió andando, seguida por sus amigas. La segunda de la fila también me quitó la copa de las manos y bebió de ella, mientras pasaban. Piensas: qué buen rollo el garito este y estas pavas. Sí, señor, están aquí de fiesta pasándoselo bien, las locas. Que beban y se emborrachen.
La tercera no fue menos que sus amigas, y empecé a mosquearme. Es el momento en que ves cómo desciende el nivel de líquido en la copa y que no estás recibiendo nada a cambio. Hice un amago de recuperar el vaso y la tercera se lo pasó directamente a la cuarta, ignorándome. Joder.
Es el momento en que te cabreas. Extendí el brazo y recuperé el vaso de un tirón. Le hice daño en los labios porque todavía estaba bebiendo, pero cansa el cachondeo: ésta ni siquiera me miró y siguió de largo mientras yo atesoraba de nuevo mi mermada copa en la mano.
A que se lo imaginan. La quinta y última alargó la mano hasta la copa y tiró de ella. Verán, señores, no soy corpulento pero si agarro algo con fuerza les aseguro que no me lo quitan. Durante unos segundos nos mantuvimos en liza en un pulso por la copa que sólo yo podía ganar. Y entonces me fijé en ella. Era feucha y sin gracia, vestida de noche pero nada atractiva; tenía los ojos bonitos y podía haber sido hasta mona con otro peinado, otra camisa y sin tristeza maquillada en la piel. Pero estaba amargada y me estaba mirando. Sus cuatro amigas habían podido beber de mi copa sin que yo se lo impidiera ni les dijera nada, y esta pobre chica estaba intentando exactamente lo mismo, pero de otra forma: me estaba suplicando con la mirada. Se encontraba entre la seriedad, la necesidad y el miedo. Y suplicaba sin palabras. Llegó un instante en que dejó de tirar del vaso y se alejó para seguir a sus amigas sin insistir más.
Y no lo pude evitar: le grité “¡OYE!”.
Se volvió, yo estiré el brazo y le ofrecí voluntariamente la copa.
Sonreía después de beber mientras me devolvía un vaso casi vacío y pringado de babas grupales ajenas, del que me deshice al ir a pedir otra copa contando los billetes de mil (de cinco, ahora), e insultándome a mí mismo por ser un pringao de los que hacen época. Buena gente, y pringao.
Pero ella logró beber de la copa. Verán, la lástima es un sentimiento poderoso. Bien usada, puede ser un arma plenamente ofensiva. En condiciones normales, con seres humanos reaccionando con corazón al otro lado -no, por ejemplo, cuando se trata de juegos donde no se pueden provocar ese tipo de emociones-, la pena fingida o real puede ser la mejor de las técnicas para lograr lo que se quiere.
Si no han gimoteado ante unos guardias civiles cuando le iban a poner la multa -tras un registro en que te han pillado algo, o en el coche- diciendo cosas como "madre mía, la que me va a caer en casa" (cuando jóvenes) o "esto va a acabar conmigo" o "no tengo casi dinero y esto me hunde la vida", etcétera, o si no le han llorado a un profesor en plena revisión de examen con excusas del tipo "es que esto me hunde, es fatal", "es que aprobar esto es muy importante", "es que no dormí bien", "es que su asignatura me importa mucho pero no pude...", "es que si no me aprueba me destroza la carrera", "es que necesito tal nota", haciendo morritos, y arañando así las décimas necesarias, es porque no han necesitado hacerlo o que no saben actuar. Funciona.
Es cutre y uno tiene que comerse su propio ego, pero es un arma fácil, sencilla y al alcance de todos: la lástima y la pena son una maniobra hábil. No siempre: a veces es sólo patetismo y debilidad. En la vida real, es un recurso util que puede usarse.
No funciona si aquellos a quienes apelas están esperando que lo hagas.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Nombres y direcciones en Word

Mejor que todo lo demás en Word, se pueden combinar datos en un único documento, como un directorio de participantes, un catálogo o una lista de piezas.
Explican cómo hacerlo aquí.
Por supuesto, you must own an original copy. Que no se entere Bill Gates si no es así, ¿eh?
De todas maneras, mucho mejor que hacer listas jugando al ordenador es preferible anotar todo en la calle, en una libreta, sentado en un banco, frente a un edificio cualquiera. Tanto si tiene sólo seis o siete nombres y direcciones, como si pretende crear un directorio entero. Lleva más tiempo, pero merece la pena.